martes, 17 de julio de 2012

Acerca del Amar...


14 de febrero de 2012

Aniversario del nacimiento de mi padre (1930-1995).
Día que se instauró para celebrar a los enamorados, el día para celebrar esa pasión que brota y que resulta suficiente como para querer fundirse con otro en ese instante, ojalá para siempre.
De amor mismo, poco, de deseo mucho, de adicción, de colusión, de ignorancia, demasiado.
Amor es desplegar, en acciones, en el relacionarnos, las posibilidades del amo, del que logra arribar a esa madurez, a esa posición desde la cual, en el grado justo, nos adueñamos ciertamente de nuestra existencia, de un modo superior, suficiente como para comprender al mismo tiempo la insignificancia, que nos entrega mérito para ejercer el poder, humilde y más lucidamente.
Amor cuando nos habilitamos para contemplar la vida y respetarla, entonces ofrecemos amor a la Vida, la de todos y la nuestra. Luz, claridad, acompañando nuestra observación y nuestro funcionar.

Para amar y tener amor es preciso comprender
Dios en nuestra conciencia.
Quien ama y sabe amar
es un foco de luz.

El proyecto normal no considera alcanzar este orden del amor durante nuestra existencia. No obstante toda declaración, siempre en definitiva se busca la posesión de los brillos superficiales.
El amor real procura la luz profunda, que libera y agradece lo que el Todo dispone para nosotros, en consideración a otros ejes más esenciales de nuestro existir.
“Amo a mis hijos”, en rigor, cuando Yo, sujeto maduro, amo la vida toda, manifestada desde cada instante, de lo en creación, también a través de mis hijos, o de mi madre, o mis hermanos. Mi estado de conciencia me permitiría reconocer una realidad más integrada, que recrea todo por la información con que se nutre mi conciencia. Soltar lo que se quiere, desarrollar el desapego, practicar el agradecimiento, resultan de obvio, de lúcido.
Procurar operar dentro de otro sistema de leyes, que de modo concreto se alinea con una justicia sintonizada con la de la creación, la de la vida, la de más cercana a Dios, al Todo.
Cuando amo a mis hijos, sin asumir que para que eso sea efectivo debo encontrarme habilitado para establecer una manera de relación con toda mi existencia, cuando "amo mucho”, estoy cuantificando algo que es o no es, que no es mucho o poco, que cuando es es todo, y si no, nada, “amo poco, amo mucho” se refiere más bien a con cuánta urgencia necesito de ti o cuánto estoy dispuesto a ofrecer para seguir poseyéndote.
Si amo, puedo soltar y disfrutar tranquilo lo qué va siendo mientras es, pues el resultado final depende más de mi mismo que del otro por el cuál se “declara” el amor.

Soy yo el amo, el que se habilita para estar, el que más determina esta vez, el que dependiendo de su estado de conciencia agradece o cae en pataletas frente a lo que le toca, frente a lo que el Todo dispone.

Lo propiamente humano, lo digno, lo preciso, y precioso, es un funcionar donde la referencia prima es la creación para la conciencia; en esa condición las posibilidades humanas se realizan y dan pie al equilibrio, a lo sano, a lo oportuno, a un reconocimiento más inteligente de lo que es real, comprendiéndose mejor la situación y nuestra función.
Incluir en el proyecto cotidiano el cultivo de nuestro despertar como función esencial en nuestra vida resulta hoy algo de otro planeta, “un absurdo”, nunca hay tiempo no es prioridad preferimos dedicar, cuando aparece algún tiempo a “recrearnos”, a hacer distinto dentro del mismo modelo, para evadirnos, para “descansar”.
Resulta lamentable cómo personas con una inteligencia latente, operan arrastrados por consideraciones infantiles, llenas de buena intención, que no aportan, que perpetúan y profundizan los desequilibrios. Después y desde afuera se ve patético ese comportamiento, en nosotros mismos para empezar. Cuánto tiempo del nuestro desperdiciado...
Mejor no nos quejemos, y usemos este invento del día de los enamorados para tomar la decisión de buscar cada uno en nosotros al amo, al maestro que habita en todos, para que nos ayude a pasar a otro estado, a otra categoría del amor, el generoso, el interesado en la vida siempre, el que incluye a Dios como el primer necesitado, que trabaja realmente para el bien de todos.
“Cuando un negocio es realmente bueno, es bueno para todos y para Todo”.
Víctor “Flaco” Arroyo
Hacia la unidad en la conciencia.
Milton Flores,
Águila Sur, Febrero 14 de 2012

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