sábado, 14 de mayo de 2011

Experiencias en el retiro 6/7 de mayo en Águila Sur

Atardecer

Después de estar sentados en la terraza mirando el sol que se había escondido todo el día, siento que el momento llega, de los árboles caen burbujas amarillas y rojizas, del sol dos remolinos y me doy cuenta que la naturaleza está llena de mandalas, que es como una célula, una unidad indivisible de vida.

De pronto todos los prejuicios toman fuerza, todas las resistencias y posibles conspiraciones, me dejo llevar por ellas, todo cuadraba en ese momento hasta que decidí que ahí algo había que merecía la pena ser explorado y que era más grande y hermoso que todo lo que proponía, elijo confiar.

Tal vez lo más literal fue cuando me di la orden de aparecer para practicar el ejercicio y me pregunté:

-¿Qué Carla? ¿Cuál de todas las carlas?

Respondí sin pensarlo que sería “la amorosa” y en ese momento pensé que esto no podía seguir así, y me busqué entre todas las caretas, como el rollo de una película, al profundizar en eso sentía una presión a la altura del ombligo, mientras más me buscaba más fuerte era la presión, hasta que el “rollo de película” dejó de avanzar y la presión desapareció, me había encontrado yo, atemporal, viviendo esta experiencia en este cuerpo y es entonces cuando observo la posición que ocupa mi cuerpo en el espacio, siento mi espalda como un tubo incandescente, sentía algunos de mis órganos, mi estómago como un globo, el peso en las plantas de los pies, la textura de la piel y escuchar la descomposición del sonido.

Siento el tiempo detenido, pienso en el grupo, debo estar atrasada en los movimientos pero al parecer voy en sincronía, eso me sorprende, me parece que hubiese pasado mucho tiempo y de algún modo el segundo en este grado de presencia es mucho más rendidor, en todo caso no hay miedo de no encajar.

En la parte tranquila al estar acostada siento el peso de mi cuerpo desde dos perspectivas como si me cargara de afuera y a la vez estoy dentro llevándome, ya en la parte final continuo en ese sentir y percibir, con más tranquilidad. Al finalizar no quiero que termine, pero finalmente lo asumo y agradezco la experiencia.

Carla U.

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En la quebrada


Durante el retiro del fin de semana bajamos a la quebrada y caminamos por el bosque, después nos sentamos, y allí estuvimos largo rato, escuchando los sonidos, sintiendo la respiración y la brisa, oyendo el jadear de los perros que de a poco se fueron aquietando; también nosotras nos fuimos aquietando, relajando el cuerpo sobre la tierra de hojas, recibiendo el efecto del bosque y su vida sobre la nuestra, hasta percibir la continuidad, la armonía, la certeza de un bienestar.

Es nuestra disposición en la naturaleza, el interés por recibir señales vivas del momento, los árboles, las aves, los insectos, ayudan, ofreciendo una intensidad, una viveza, una presencia que se impone, cuando se le da espacio en la conciencia.

Aquí, así, en el corazón de la quebrada, reconozco también el brotar de ideas que comentan, reflexiones, afirmaciones espontáneas, propósitos, que reflejan y acompañan el momento.

Se que si voy estrechando mi atención sobre ellas, me alejaré del momento, de hecho lo hago, lo se cuando me descubro, cuando una inspiración profunda, un sonido, la percepción de una brisa, me "devuelve", cuando por el "llamado" de alguien, o de algo, entra en mi campo de percepción otra cosa, no otra idea, sino otra experiencia, un sabor a experiencia. Estoy aquí, soy Yo, tengo sabor de mi.

Cuando vuelvo de alguna idea, a hacer contacto otra vez con el momento, se que no estuve aquí, pero sigo siendo Yo, se afirma una identidad anclada más en la Vida y menos en una definición, no importa cuanto me distraiga, una y otra vez, puedo siempre volver a retomar el ritmo de la respiración, buscar el cuerpo, poner atención a los sonidos, mirar afuera, está todo disponible.

Y como no puedo contar siempre con mi propia voluntad, me busco con otros para recordar, para fortalecer esta determinación, otros que anhelan lo mismo, Despertar, Estar Presentes.

Paulina G.


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