martes, 8 de febrero de 2011

La cualidad de mi disposición a verdaderamente trabajar


Acerca de mi trabajo,
acerca de cuando trabajo,
de cuando me pido estar presente, en un momento dedicado a eso,
a practicar el registro de algo más que lo pensado,
buscando con la atención la sensación del cuerpo, la percepción de las señales corporales, temperatura, movimiento, humedad, masa, peso, sonidos, respiración,
y manteniendo esa conexión, la frescura de aquello, recibir todo lo que además se activa en mi, pero sin abandonar,
por algún pensamiento, por alguna sensación en particular, por alguna parte del todo que se despliega ante mi,
la tarea de estar en primer lugar buscando esta presencia en el momento

Comienzo una de tantas prácticas que se van sumando una a la otra, algunas con experiencias que son un regalo, un baño de luz, de pureza, de armonía, de libertad, otras áridas, trabajosas, pidiéndome volver a cada rato porque a cada rato me distraigo, pero me alcanzo a dar cuenta, parece que no se llegara a nada, es un juicio anticipado, evaluación de un momento para calificar un proceso.
Hoy al comenzar me doy cuenta de la cualidad de mi disposición, la diferencia entre hacer el ejercicio, "bien hecho", pero con una pequeña parte de mi atención involucrada, la mínima para hacerlo mecánicamente - es bastante poco lo que se necesita para hacer algo automáticamente- y hacer el ejercicio aprovechando la oportunidad que se abre a través de él, de trabajar con más de mi comprometido, ir en cada movimiento, en cada pausa, hacia estar más ahí, registrando más de mi y de todo,
el cuerpo, su peso, su movimiento,
la cualidad de los gestos,
sacar la pierna sintiendo la masa,
poner la planta del pie con firmeza,
estirar el brazo conquistando el espacio delante mio,
con suavidad, ocupando todo el tiempo disponible para distribuir el movimiento,
sintiendo la respiración, tomar en el corazón y soltar en la extensión,
y volver con el impulso de la inspiración,
sin pausar, un continuo, una danza,
suave, graciosa, sin tensiones,
siento la cara y busco relajar la musculatura,
reviso los hombros, si es posible los suelto, los bajo si están recogidos,
y siento el brazo desde aquí, desde donde nace, hasta la punta de los dedos,
miro la mano, miro el paisaje a través de la ventana en el primer movimiento,
la muralla, los cuadros de los maestros,
a los demás practicantes cuando voy hacia los lados y hacia atrás,
percibo la armonía o el desencaje según lo logrado del momento,
siempre distrayéndome y volviendo, con más o menos determinación.
Este es el aspecto que más me queda hoy de mi observación, hasta que punto es determinante la cualidad de la intención de verdaderamente estar ahí, trabajar para estar ahí, como se desenvuelve el movimiento desde esta disposición, como no me duele la cabeza ni se genera esa sensación de tensión, de ser de cristal y estar quebrándome, cuando estoy ahí practicando pero sin comprometer lo más de mi, permitiendo que una parte de mi atención se dedique a pensar y resolver asuntos pendientes, a desarrollar líneas de reflexión y ocurrencias varias, y dejar de atender con lo más de mi que sea posible a este momento.

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